CUESTION DE PUNTERIA

 

Cuestión de puntería

 

 

Madrid, 01/07/2005. Alberto Grados
Fotos: Javier Prieto Herrero

 


Deporte o no, cada uno lo considera de una manera, el juego de los dardos es uno de los más populares que existen en todo el mundo. Es raro conocer a alguien que no haya probado alguna vez su puntería con un dardo en la mano y una diana enfrente que invita a testar la concentración, la precisión y el pulso de cada uno. Se empieza a jugar por diversión y termina convirtiéndose en un hobby “que engancha” de tal manera que casi se formula como la única opción de ocio y “pequeña excusa” para quedar con amigos o familiares. .

El gusanillo por los dardos se coge pronto. Lo que empieza siendo una tímida partida con los amigos en la típica diana electrónica presente en muchos bares, termina siendo un hobby del que es difícil desprenderse. “Esto engancha”, dicen muchos dardistas que acuden al campeonato, los cuales tienen en común no sólo su afición por este juego, sino también la forma en la que comenzaron a practicarlo. “Pronto te ‘picas’, empiezas jugando en los bares por los amigos y le coges afición hasta el punto que te apuntas a una liguilla”, comentan la mayoría. Lidia, toledana afincada en Villalba, apunta que “al principio no entendía por qué la gente se picaba pero ahora sí”. Todos ‘echan la culpa’ a alguien de su nuevo vicio, a la mujer o al marido, al padre o al hijo, pero todos lo agradecen porque ven en los dardos la perfecta “excusa para quedar con los tuyos”, afirma por ejemplo Francisco, de 43 años y de Villaverde.

No hay un jugador-tipo de dardos aunque la mayoría son jóvenes de entre 25 y 35 años, quizá porque este ‘fenómeno’ es reciente y los mayores no se animan tanto a participar en liguillas y campeonatos. Roberto y Leonardo, de 30 y 27 años, respectivamente, son ejemplo de la afición que tiene este juego entre la juventud. Con un ‘mini’ de calimocho en la mano, Leonardo destaca que “los dardos es ante todo diversión” mientras que Roberto, auténtico especialista en la puntería, pues participó en el reciente mundial celebrado en la ciudad estadounidense de Las Vegas (donde se celebra todos los años) con “desigual suerte”, por cierto, destaca que “lo bonito de los dardos es que conoces a mucha gente y haces muchos amigos”. De su experiencia en EEUU, Roberto se queda con “lo bien que lo hacen los americanos”, los auténticos profesionales de este deporte.

El arte del juego, lo que hace que unos se conviertan en profesionales de la diana, es la puntería y el pulso a la hora de lanzar el dardo. Cada tirador tiene su estilo, unos flexionan demasiado las rodillas o tardan unos segundos eternos en lanzar, a otros les basta con alargar el brazo mientras que muchos apelan a la suerte; el caso es que no hay una técnica especial que haga a uno destacar sobre los demás. No obstante, los aciertos dependen mucho de la concentración que se tenga en cada momento aunque algunos apuntan ‘pequeños trucos’ como el que da Pablo, de Moratalaz y dueño de un bar (con diana, por supuesto), que no duda en afirmar que “la puntería depende de que cojas un poco el ‘puntillo'”.

Todo aquel que se acerque a los dardos también debe tener en cuenta la moda particular que tiene este mundo digna de Pasarela Cibeles. Lo que más se lleva son las camisetas que identifican a los miembros de cada equipo, cada una con un color determinado y con un dibujo o logo que sirve de escudo. Grupos como Hechizo, Los Misioneros, Los jugones o Cocktail tienen su particular vestimenta que les hace únicos. Pero también se ven a otros ‘más originales’ que llevan puesta una camisa hawaiana o el más puro estilo rockero. Otros, en cambio, visten según las circunstancias, como César y Alejandro, informático y técnico de ventas, respectivamente, que recién salidos del trabajo, no tienen más remedio que acercarse al Pabellón de la Pipa en traje convirtiéndose en los más elegantes del lugar. Y el estilo también se lleva en el dardo, sobre todo en la pluma del mismo. La FEDE ha instalado en el pabellón una pequeña tienda en el que los aficionados pueden pulir la vistosidad de su preciado juguete con plumas de los más diversos colores, formas y materiales que ofrecen un escaparate digno de mención.

Nunca es tarde para ‘descubrirse’ como un profesional de los dardos. Lo que demuestran los jugadores que se dan cita en el campeonato es que cualquiera puede comenzar a jugar en una noche de copas para llegar a ser algún día un gran dominador de la diana y ser capaz de convertirse en campeón de España, de Europa o, incluso, del mundo. No hay que dudarlo. ¿Vamos al bar a echar una partida…?

Exztraído de http://www.madridiario.es

 

 

 

 

 

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